La cripta

Las necesarias excavaciones arqueológicas previas a la construcción del edificio del museo, aportaron interesantes restos muebles e inmuebles relativos a distintos aspectos de la ciudad.

Estos restos se integran en el recorrido del museo como una sala más, con el atractivo de introducir al visitante en el contexto arqueológico de la Mérida romana, cuyos objetos se han visto en las restantes salas.

El primer resto conservado, al que se yuxtapone la estructura moderna, es un tramo de la conducción hidráulica de “San Lázaro” que, partiendo del depósito situado junto a la “Casa del Anfiteatro”, se dirige a la zona central de la ciudad, probablemente al foro. El conducto se compone internamente de un specus o canal revestido de mortero hidráulico hasta media altura del muro, siendo éste de aparejo pétreo, y se cubre con bóveda de medio cañón de lajas de piedra. En el ángulo del fondo, se puede ver un spiramen o registro para la limpieza de la canalización. En la solería del pasillo se ha dispuesto una reja metálica por donde el visitante puede contemplar la estructura inferior. Aquí nace un túnel nuevo que comunica el museo con el teatro y anfiteatro, para facilitar así la visita conjunta.

Descendiendo hasta el final del pasillo, a la izquierda, está la puerta de acceso a la zona arqueológica. En el patio existente nos encontramos con un tramo de la calzada romana que salía por un portillo de la muralla de la ciudad y enlazaba, con el camino hacia Corduba (Córdoba) a través de la necrópolis oriental. A las ruinas se accede por una escalera que salva la diferencia de altura.

Ya abajo, lo hallado nos define un peculiar barrio extramuros, con perfecta simbiosis de necrópolis y viviendas.

En primer término, a la izquierda, se adosa al muro de contención de la calzada una casa en la que se aprecia parte del peristilo, ajardinado originalmente con un pozo central y canales a su alrededor. En torno al patio se distribuyen otros espacios, donde podemos apreciar restos pictóricos.

Ante esta casa hay dos sepulcros. Uno realizado con bloques graníticos en su base y cubierto con grandes sillares y otro, con cinco cavidades rectangulares para la inhumación, que se cubría con bóveda rebajada decorada con estuco y la inscripción con el nombre de alguno de los difuntos.

Avanzando a la izquierda parece continuar la mansión antes mencionada, aunque también pudiera tratarse de otra distinta. Sus muros presentan dos fases decorativas. Una primera -picada intencionadamente para superponer la segunda- donde se ven plantas y aves zancudas sobre fondo amarillento, de fines del siglo i d. C. o principios del siglo ii d. C. La más moderna, con motivos geométricos imitando zócalos marmóreos, crustae, entraría ya en el siglo iii d. C. Así pues, este vestigio nos documenta el desarrollo físico de una casa emeritense, inserta en un arrabal urbano.

Al fondo, se conservan cuatro columnas de mármol blanco pertenecientes al peristilo de otra vivienda, en cuya parte central se sitúa el estanque, con pavimento de mortero, que repite el esquema visto anteriormente. Los vanos del testero de la cripta separan, con una gran rejería, el espacio frontal que se destina a almacén de piezas de gran formato.

A la derecha, al fondo, se disponen muros de sillarejo y mampostería de cronología tardía. En algunos de ellos aún se aprecia la huella de la conducción de aguas de siglo xvi que sustituyó a la romana de “San Lázaro”, desde hacía tiempo inutilizada.

Más adelante, en el extremo derecho de la calzada, se adosan otras estructuras domésticas. En torno a un pasillo se organizan cuatro dependencias; la central, de mayor tamaño, tiene la solería de “terrazzo” y las paredes decoradas con pinturas, que imitan mármoles de diferentes calidades y tonos. La entrada a la estancia quedaría marcada por un arco central de medio punto sobre dos columnas y otros laterales, posiblemente de descarga, que no alcanzarían el semicírculo. En el intradós del arco y en las jambas de la puerta se encontraron también decoraciones pictóricas con motivos vegetales. La organización espacial y los materiales que la excavación proporcionó (cerámicas, bronces, y pilas decoradas con crismón) inducen a pensar que estamos ante un edificio notable, de posibles connotaciones cristianas.