Primera Planta

Cerámica romana. S. IX, VIII y VII

La cerámica, sin tener la espectacularidad de otras producciones artísticas o artesanales, es, sin duda, el elemento arqueológico que mejor puede documentar el ambiente humano de la sociedad antigua. Su abundancia, variedad de formas, estilos y técnicas, proporciona importantes datos de tipo económico, religioso, social e incluso político, sin olvidar los aspectos cronológicos y técnicos, acrecentados considerablemente en los últimos años gracias a los avances registrados en los estudios ceramológicos.

En la cerámica romana pueden apreciarse diferentes tradiciones que han ido conformando unas producciones singulares. Una herencia griega transmitida en época helenística por el Mediterráneo, las tradiciones locales en la propia Península Itálica y las manifestaciones autóctonas de las distintas áreas geográficas ocupadas por el Imperio, darían lugar a característicos tipos cerámicos, varios de los cuales se exponen en las vitrinas de las salas IX, VIII y VII del primer piso.

Cerámica común. Sala IX

En las vitrinas de la sala IX se presenta una colección de cerámica común romana. Con esta denominación se conoce una serie de tipos cerámicos que constituirían la vajilla usada a diario en la cocina y la mesa, carente de valores suntuarios. Son propias de estas cerámicas las pastas poco elaboradas, con abundantes desgrasantes, acabados diversos y por lo general poco perfectos, formas variadas que se adecuan para cumplir la función a que se destinan, con ausencia casi generalizada de decoración.

En la vitrina de la izquierda se pueden apreciar varias orzas de mediano tamaño cuya función más corriente era la cocción de alimentos, cuencos de varios tamaños, tanto para cocinar como para comer, uno de los cuales presenta, entre motivos vegetales, un grafito con la inscripción MASVETARI. Asimismo, una selección de platos de diferentes formas y tamaños como representantes más genuinos de la vajilla de mesa. En el resto de la vitrina, jarras de cuello estrecho con cuerpo variado. Destaca una botella cuadrada de color negro y marrón con acabado pulido que muestra un parecido formal con algunas piezas en vidrio fechadas hacia los siglos i y ii d. C.

En la vitrina de la derecha se exponen pequeñas orzas, alguna de las cuales pudo haber sido utilizada como una urna funeraria, así como dos incensarios, piezas éstas muy usadas en actos religiosos, tanto públicos como privados y frecuentes en los hogares romanos para perfumar el ambiente mediante la combustión de algún producto aromático, por lo que suelen ofrecer manchas en el interior.

Se exhiben también varias piezas de cerámica pintada que evidencian una tradición indígena. Algunas de ellas son piezas tempranas, pero otras corresponden a un momento avanzado, como es el caso de un vaso con pie realzado y con inscripción que puede relacionarse morfológicamente con vasos rituales metálicos hispano-visigodos.

En el resto de la vitrina, un conjunto de jarra y dos cuencos de pasta ocre con abundante desgrasante micáceo, orcitas con tipologías similares y fechables en los siglos i y ii d. C., alguna de ellas con grafitos. Cabe destacar, además, un conjunto de miniaturas que imitan piezas tanto cerámicas como metálicas y una representación de objetos de tocador formada por ungüentarios del siglo i d. C., y unos pequeños recipientes para guardar pinturas. Completa la exposición un mortero con estrías en el interior y con vertedero, encuadrable cronológicamente hacia el cambio de era.

Cerámica de lujo. Sala VIII

La vitrina de la izquierda acoge una selección de las diferentes manifestaciones de la terra sigillata.

Recibe su nombre por el sigillum (sello o cuño) con el que se realizaba la decoración de los moldes en que se obtenían estas piezas. El característico color rojizo brillante se lograba mediante un baño en arcillas depuradas antes de efectuarse la cocción en hornos especiales. Sus formas, por tratarse de una producción industrial realizada a molde, han sido sistematizadas con facilidad y se suelen conocer con el nombre del investigador que las ha descrito y el número de orden que éste le ha otorgado (Drag. = Dragendorff; Ritt. = Ritterling; Mez. = Mezquiriz; Hermet, etc.)

Se muestran varios fragmentos con las marcas de alfareros de Terra Sigillata Italica (T.S.I.) provenientes en su mayoría de talleres de Arezzo. Destaca un fragmento con escena amorosa representando a Eros y Psique. Estas producciones itálicas surgen a mediados del siglo i a. C., y comienzan a perder fuerza hacia mediados de la centuria siguiente al entrar en competencia con los productos fabricados en la Galia, en donde se instalan talleres sobre todo en el Sur, a partir ya de los años 20 del siglo i d. C. De Terra Sigillata Galica (T.S.G.) destacan varias piezas ricamente decoradas con motivos vegetales, animales, geométricos y temas mitológicos, aunque, al igual que en los otros casos, exista una mayoría de piezas lisas. Es de resaltar una producción conocida con el sobrenombre de marmorata (cerámica amarilla con veteado en rojo imitando mármol) representada por un cuenco decorado, con la marca FELICISMAN en el interior, y otros dos cuencos de reducido tamaño. El taller sudgálico de la Graufesenque es prácticamente el único que surte la demanda emeritense de T.S.G. en el siglo i d. C.

Hacia mediados del siglo i d. C. da comienzo la producción de Terra Sigillata Hispanica (T.S.H.) que se prolongará hasta los siglos iv-v d. C. Las piezas encontradas en Mérida, tanto lisas como decoradas, parecen proceder en su mayoría de alfares del valle del Ebro y más concretamente de la zona de Tricio (Tritium Magallum). Conservan muchas de ellas el sello del alfarero, destacando, por su abundancia, las provenientes de los talleres de VALERIVS PATERNVS, LAPILLIVS (o L. APILLIVS), SEMPRONIVS, etc. De las piezas expuestas, solamente una cantimplora lisa (forma Hermet 13) parece proceder del alfar de Andújar.

La Terra Sigillata Clara (T.S C.) tiene asimismo su representación en esta vitrina. No dispone del característico brillo de las anteriores y las formas tampoco son las mismas. Cronológicamente se extiende desde fines del siglo i d. C. al vi d. C., con los principales centros productores en el norte de África. Platos, fuentes y cuencos son las formas más características. Destacan varios fragmentos de una gran fuente con escenas del ciclo de Hércules, en relieve aplicado, fechada hacia mediados del siglo iv d. C.

En la vitrina de la derecha se pueden contemplar dos manifestaciones características de la cerámica romana como son las “paredes finas” y las terracotas.

La primera de ellas se caracteriza por disponer de un grosor reducido en las paredes, por las formas generalmente pequeñas (son vasos para beber) que imitan vasijas de vidrio o metal y por poseer unos acabados exclusivos. Su origen se encuentra en Italia a finales del siglo ii a. C. y pronto se difunde por el Mediterráneo. En Augusta Emerita existen alfares que destacan por la fabricación de vasos con pastas ocres o blanquecinas, engobe anaranjado o amarillento con efecto tornasolado, decoración en bandas de pequeñas incisiones o con barbotina reproduciendo lúnulas, mamelones y hojas de agua. Las piezas expuestas muestran una selección de las formas y decoraciones más comunes, propias todas de los alfares emeritenses de la segunda mitad del siglo i d. C. Por otra parte estos mismos u otros alfareros fabricaron piezas imitando las de “paredes finas”, en su forma o decoración, pero de inferior calidad, como son los pequeños cuencos con pie alzado, cubiletes y otras piezas.

El resto de la vitrina está ocupado por una selección de terracotas. Suelen ser pequeñas figuritas en barro cocido, a las que se les da un capa de pintura (no suelen conservar el color) realizadas con moldes bivalvos o incluso modeladas. Se utilizaban en la casa simplemente para decorar o con una finalidad religiosa, portando un significado de fecundidad, maternidad, amor, etc., y forman parte habitualmente de los ajuares funerarios. Destaca alguna mascarilla por su gran realismo, así como algunos juguetes. La mayor producción parece corresponder a los siglos i y ii d. C., siendo en su mayoría de fabricación autóctona.

Las lucernas. Sala VII

Son el equivalente de nuestros candiles o lámparas de aceite. Adoptan muy variadas formas, aunque esencialmente disponen de un depósito para contener el combustible (generalmente aceite vegetal), de un pico con agujero para la mecha, que produciría una combustión lenta con emisión de luz, y de otro orificio en el depósito para favorecer la combustión. Estas lámparas fueron el medio más usado en época romana para el alumbrado doméstico, comercial y votivo.

Al tratarse de una producción hecha a molde, la evolución de las formas ha sido determinada en parámetros cronológicos de cierta precisión, por lo que se ha convertido en un objeto arqueológico importante para fechar yacimientos y los objetos que aparecen en su mismo contexto.

En la vitrina de la izquierda se muestra una evolución tipológica de las lucernas halladas en Mérida, desde las piezas fechadas en el siglo i a. C. de tipo delfiniforme, pasando por las del siglo i d. C., en el que destacan las lucernas de volutas, las del ii d. C. con tipos de canal y de disco – éstas también con gran fuerza en el siglo iii- y ya las de decoración de inspiración cristiana a partir del siglo iv d. C.

Se muestra también un ejemplar raro, con cuatro “picos”, de cronología tardía, así como fragmentos de asas, algunas con cabezas de animales, que corresponden a “esqueuomorfos” (piezas que en cerámica reproducen formas concebidas en otro material, en este caso bronce) y un molde para hacer lucernas. Hay también una selección de marcas de talleres de lucernas como las africanas de los siglos i-ii (GABINIA, GAB MERC), las itálicas de similar cronología (STROBILL F, VIBIANI) y las posiblemente emeritenses (P.I.L. y G.E.S.) de la segunda mitad del siglo i d. C. y siglo ii d. C., respectivamente.

La vitrina de la derecha se destina a mostrar la variedad de motivos con que se decoraban los discos de las lucernas: temas mitológicos (dioses del Olimpo y orientales, leyendas…); temas de vida cotidiana (escenas eróticas…); temas vegetales y animales.

Columbario. Sala VI

Esta sala es complemento a la de igual tema en la planta baja (sala V). Aquí destaca la reconstrucción hipotética de un columbario, monumento funerario muy común en la antigua Roma. Su nombre (del latín columba, paloma) viene dado por la forma de los loculi, espacio destinado a cada una de las urnas cinerarias, semejantes a los habilitados para nidos en los palomares. Surgen en Roma a mediados del siglo i a. C., como enterramientos colectivos pertenecientes a corporaciones funerarias en contraposición a mausoleos familiares y tumbas aisladas. Permanecieron en uso hasta el siglo ii, e incluso se perpetúan a lo largo del siglo iii d. C. Su morfología, dentro de una tipología definida, y su decoración eran muy variadas.

En Mérida existieron columbarios, aunque ninguno se haya conservado hasta nuestros días. Algo muy diferente son los mal llamados “Columbarios” de las familias de los Julios y los Voconios, en la necrópolis oriental, pues se trata en realidad de sepulcros a cielo abierto (busta).

Industria y artesanía del hueso. Sala V

El hueso es la materia prima utilizada en la elaboración de distintos útiles y objetos que estaban presentes en diversas actividades cotidianas. Hemos establecido dos apartados generales con una selección de estas piezas agrupadas en sendas vitrinas.

A la izquierda se agrupan los objetos para el tocado femenino. Entre ellos dominan, en número y variedad morfológica, espátulas de cosméticos, con interesantes cabezas tanto lisas como decoradas. Estas últimas presentan motivos que son pervivencias de temas antiguos que encierran connotaciones simbólicas de protección (mano levantada), de alguna divinidad (granadas, piñas), o de la inmortalidad y el mundo de ultratumba (la serpiente).

Espátulas para remover y aplicar el maquillaje, hebillas de cinturón y amuletos antropomorfos que solían llevar las mujeres colgando del cuello para propiciar la fecundidad, completan este apartado.

En la vitrina de la derecha se muestran otros útiles de hueso: agujas para el pelo(acus crinalis), fusayolas y husos para hilar, mangos de cuchillos, cucharillas, etc. Interesantes resultan las piezas que, por su forma, parecen flautas y que no eran otra cosa que bisagras de muebles con orificios para introducir grapas de madera o hierro.

Grupo aparte es el de los cubiletes y dados para juegos, así como las piezas circulares, que serían fichas para distintos juegos de mesa (tabulae lusoriae) que también se practicaban en “tableros” grabados en los suelos de las calles, plazas o edificios públicos, tal y como puede verse en monumentos emeritenses, como el teatro.

El vidrio romano. Sala IV

Aunque los objetos de vidrio se conocían desde antiguo (hacia el 1500 a. C. se fechan los primeros realizados en esta materia) es en el cambio de era cuando su fabricación adquiere un auge e importancia considerable. La transformación viene dada por una serie de logros técnicos -avances en el trabajo de los metales, perfeccionamiento del fuelle, etc.-, que posibilitan el descubrimiento del soplado, sistema que facilita enormemente la manufactura de las piezas, abarata su costo, da mayor versatilidad a las formas, logrando que el trabajo del vidrio pase de ser una actividad exclusivamente artesanal a un sistema casi industrial.

Coincidiendo con el período de paz iniciado bajo Augusto, los artesanos sirios, con toda probabilidad los primeros en utilizar el soplado, emigran hacia Occidente, primero a Roma y la Península Itálica y, más tarde, a las demás provincias. Así, ciudades como Augusta Emerita contaron con talleres que repetían fielmente las formas traídas de otros lugares. En la vitrina de la izquierda pueden verse restos de fabricación que prueban la existencia de estas oficinas y, en el panel, la restitución ideal del horno y los utensilios empleados por los vidrieros.

La colección emeritense es homogénea en calidad y muy extensa en cuanto a la tipología que abarca. En la misma vitrina se exhibe una gran variedad de ungüentarios (contenedores de cremas, perfumes, bálsamos, etc.) que eran utilizados en los ritos funerarios, por lo que es frecuente su hallazgo en enterramientos.

También el vidrio estaba presente en el comercio. Las botellas cilíndricas y cuadradas que se muestran en esta vitrina servían para transportar distintas sustancias, en especial vinos de calidad. Por su fragilidad iban forradas de fibra vegetal y embutidas en armazones de madera. Algunas de ellas llevaban fondos decorados que tanto pueden aludir al vidriero como al envasador del producto, pero que de cualquier manera permiten conocer la distribución de determinadas mercancías. Es de destacar la marca con las iniciales G.B.L. estampillada en un fondo que bien pudiera pertenecer a un vidriero emeritense.

Platos, vasos, cuencos y otras formas eran usados como servicio de mesa, destacando entre los fondos del museo los dos platos (forma Isings 5) o el conjunto de botellas o vasos con “depresiones” que se muestran en la vitrina de la derecha.

El último conjunto de piezas expuestas ilustra las importaciones que Augusta Emerita efectuó a lo largo del tiempo de los diversos puntos del Imperio. Así, un skyphos (siglo i d. C.), un cuenco decorado con inscripciones geométricas (siglo iv d. C.), un fragmento de plato sirio en técnica de millefiori (siglo i a. C. – i d. C), o el cuenco bicónico con asa torcida que es el único que se conserva íntegro en todo el territorio del Imperio con un sólo paralelo en Rumanía (mediados del siglo i d. C.). Igualmente son piezas casi únicas el anforita y los balsamarios transparentes, realizados en cristal de roca pulido y con paralelos en Pompeya (primera mitad del siglo i d. C.).

Numismática. Salas III y II

Las salas III y II nos presentan una muestra de las monedas encontradas en la colonia, bien de manera fortuita bien en el transcurso de las campañas de excavaciones científicas.

El atril n.º 1 muestra las piezas más antiguas halladas en Augusta Emerita. Sobresalen por su buen estado de conservación los llamados denarios consulares, monedas de plata de buena ley y bella factura, emitidas por los magistrados de la República Romana, en las cuales marcan sus iniciales junto a los emblemas familiares (AEMILIA, CAECILIA, SEMPRONIA…). Junto a éstos, algunos grandes bronces con la cabeza de Jano bifronte y la proa de la nave.

Las llamadas series hispano-romanas son acuñaciones autónomas, con permiso del poder central, realizadas por los principales municipios de Hispania ante la carencia de numerario fraccionario y la necesidad de propaganda de los nuevos asentamientos. Se desarrollaron extraordinariamente en época de Augusto y Tiberio y algunas de ellas, como las que se pueden apreciar en la vitrina (ITALICA, EMERITA, CARMO), alcanzan gran difusión, compitiendo con las emisiones de Roma hasta que desaparecen durante el reinado de Calígula (37-41 d. C).

Completa el atril una muestra de las monedas con alfabeto ibérico (s. i a. C.) llamadas comúnmente series del “Jinete Lancero”.

Los atriles 2-6 recogen, cronológicamente, las emisiones realizadas por el poder central entre los siglos i-iv d. C. El primero de ellos refleja uno de los mayores períodos de estabilidad económica del Imperio, con moneda fuerte de buen peso y buena ley, utilizada por la familia Julio-Claudia como eficaz instrumento de propaganda política. En el atril n.º 2 vemos una variada muestra de las acuñaciones augústeas que abarca a casi todos los miembros de su familia: Augusto, Tiberio, Germánico, Druso, Cayo, Lucio.., Sus sucesores, Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, mantuvieron su misma política.

El advenimiento de la dinastía Flavia (69 d. C.) no supuso cambio en la ordenación del sistema monetario. Vespasiano, Tito y Domiciano continuaron acuñando grandes bronces y denarios, en algunos de los cuales se alude al triunfo de los primeros sobre los judíos. En esta iconografía se consagra definitivamente la corona de laurel frente a la cabeza desnuda de la anterior dinastía Julio-Claudia.

Con Trajano y Adriano (98-138 d. C.) llegó a su más alto nivel el arte de la acuñación. Los retratos de ambos emperadores en sestercios y denarios son auténticas obras de arte, y en los reversos se alude a sus victorias en Germania, Dacia, etc. De las acuñaciones que se hicieron a nombre de sus sucesores se conservan bellas piezas de Aelio y Sabina.

El atril n.º 3 está dedicado a las familias de los Antoninos y los Severos, Los primeros (138-192 d. C.) siguen la tradición recogida de los emperadores anteriores en los grandes bronces, buena muestra de ello son los ejemplares que vemos de Antonino Pío, Marco Aurelio y Cómodo, y los de sus mujeres, Faustina I y II (diferenciables ambas por su distinto peinado), Crispina y Lucilla, mujer de Lucio Vero. Con la dinastía de los Severos (Septimio Severo. Caracalla, Heliogábalo y Alejandro Severo, años 193-235 d. C.) se inicia un cierto retroceso en el arte de las monedas y una transformación de los gustos en materia iconográfica que queda patente en las monedas de las mujeres de la familia (Julia Domna, Julia Maessa…). Con Caracalla aparece por primera vez una nueva moneda de plata, el antoniniano, con menos peso y ley que el denario, que desbancará a éste hasta hacerlo desaparecer.

El atril n.º 4 recoge algunas de las numerosas emisiones realizadas por el último de los Severos, Alejandro, en una época ya inflacionista. Los tipos de sus reversos siguen siendo mitológicos, con una creciente adulación a la institución militar. Aparte, monedas de algunos de los protagonistas de la llamada anarquía militar, Maximino, Máximo, Gordiano Pío (244 d. C.).

En el atril n.º 5 observamos los efectos de la crisis del siglo iii. Se multiplican las emisiones, con pérdida de valor intrínseco de la moneda, tanto de bronce como de plata; ésta acaba por convertirse en una pieza de vellón, sin resto alguno de su primitivo metal, esta característica se puede ver en las emisiones de Galieno (268 d. C.), Claudio II (270 d. C.), etc. También se produce un cambio en la indumentaria de los emperadores, sustituyéndose el laurel por la corona radiada y la toga por el paludamentum o manto militar. Todavía a mediados del siglo iii conviven el sestercio y el antoniniano (Filipo I y II) aunque éste va tomando supremacía sobre el primero, que termina por desaparecer. Sólo con la reforma monetaria de Diocleciano (305 d. C.), volverán a aparecer monedas de bronce de gran módulo, los llamamos follis.

El atril n.º 6 está dedicado exclusivamente a las acuñaciones realizadas durante el siglo iv d. C. Se puede apreciar claramente cómo los intentos reformadores de Diocleciano no son seguidos por Constantino y sus sucesores y los follis de la Tetrarquía (Constancio, Constantino, Majencio, Licinio…) desaparecerán definitivamente con la dinastía constantiniana, dejando paso al pequeño bronce que perdurará ya hasta el final del siglo. Sólo con los usurpadores Magencio (353 d. C.) y Decencio, y con Juliano (363 d. C.), llamado el Apóstata, reaparecen algunos bronces de módulo superior. El áureo desaparece también definitivamente dando paso a otra moneda de menos peso, también de oro, llamada solido (Valente, Valentiniano, Graciano).

En lo que se refiere a los tipos de las monedas también se ha producido un cambio sustancial. En los anversos, los retratos pierden toda importancia dando lugar a tipos esquemáticos y estereotipados sin ningún rasgo personal distintivo. La corona radiada acaba siendo sustituida por la diadema oriental y los tipos mitológicos del reverso, por motivos cristianos o alusivos al ejército y a sus victorias contra los bárbaros. Ya en la segunda mitad del siglo las dinastías Valentiniana (364-392 d. C.) (Valentiniano, Valente, Graciano) y Teodosiana (379-423 d. C.) (Teodosio, Arcadio y Honorio), mejoran la calidad de la moneda de bronce que, sin embargo, declinará totalmente a fines del siglo v d. C.

Numismática y orfebrería. Salas II

La ceca de la colonia Augusta Emérita

La colonia Augusta Emérita, fundada en el año 25 a. C. por P. CARISIVS LEG PROPR, empezó acuñando monedas de plata, En ellas el título imperial es de IMP CAESAR AVGVSTVS con cabeza desnuda de Augusto a derecha o izquierda. El reverso presenta distintos temas militares que recordaban a los soldados licenciados sus antiguas hazañas en las guerras cántabras: escudo, falcata, hierro de lanza, trofeos, victorias y la puerta amurallada de la ciudad (atril n.º 1).
Hacia el 23 a. C., en que se otorga a Augusto la Tribunicia Potestad, Publio Carisio acuña monedas de bronce como legado de Augusto (AVGVSTO TRIB POTEST y P. CARISSIVS LEG AVGVSTI) con el conocido tema de la puerta de la ciudad o la leyenda P. CARISIVIS LEG AVGVSTI ocupando todo el campo del reverso.

Las demás emisiones augústeas emeritenses llevan la fórmula PERMISSV CAESARIS AVGVSTI y bellos tipos alusivos a la fundación de la ciudad (yunta de bueyes guiada por un sacerdote), o a la realización de las grandes obras públicas como la representación de un rostro barbado con un ánfora de la que mana agua, o la efigie femenina echando agua por la boca, ambas referidas a las obras hidráulicas tan importantes en la colonia (atril n.º 2).

La muerte y posterior divinización de Augusto fue recordada, al igual que en otras ciudades hispanas, con nuevas series monetales realizadas por orden de Tiberio, en las que aparece la cabeza radiada de Augusto y la leyenda DIVVS AVGVSTVS PATER, junto al templo (AETERNITATI, AVGVSTAE) o el altar (PROVIDENTIAE AVGVSTI), donde se le rendía culto (atril n.º 3).

Durante el reinado de Tiberio continúan en uso los viejos tipos acuñados por su antecesor, sólo que ahora con su propia efigie y leyenda (TI CAESAR AVGVSTI PONT MAX IMP), añadiéndose algunos que hacían referencia a su madre Livia, representada a veces como Ceres, con la leyenda SALVS AVGVSTA o IVLIA AVGVSTA. A la muerte de Tiberio la ceca de la colonia Augusta Emerita pierde su autonomía para acuñar monedas, que ya sólo recobrará circunstancialmente en época visigoda.

Orfebrería

La abundancia de metales preciosos en los suelos ibéricos es una de las características más destacadas por los historiadores antiguos y serviría de móvil a la hora de plantearse la definitiva conquista de la Península por parte de Roma.

Con la adhesión de los territorios hispanos a los dominios de Roma, se produce un cambio en el aprovechamiento de los recursos mineros. Hasta entonces la propiedad de las áreas mineras estaba en manos de las pequeñas comunidades que controlaban el territorio en que éstas se ubicaban, o bien de las oligarquías que las explotaban en beneficio propio. Por el contrario, Roma las hace propiedad estatal y desarrolla una compleja administración para supervisar el trabajo en cada una de las zonas mineras, destinando funcionarios civiles y destacando cuerpos militares para facilitar el control de los trabajos y asegurar el envío de los metales preciosos a Roma.

Con la parte que de estos metales preciosos no se destinaba a la acuñación de moneda se siguieron realizando joyas, objetos de uso y piezas rituales.

En el expositor se muestra una representación de algunas joyas halladas en Mérida. Cabe destacar un conjunto de anillos luciendo entalles con representaciones diversas, encuadrables cronológicamente entre el siglo I a. C. y el III d. C., algunos otros con incrustaciones de piedras o pasta vítrea o, incluso, grabados sobre el mismo metal. Asimismo, un conjunto de pequeños pendientes (inaures) hechos en su mayoría a base de un alambre cerrado sobre sí mismo, o de factura más caprichosa y con perlitas.

Son de destacar también los hilos de oro hallados en una tumba que adornaban la vestimenta funeraria o la fíbula de plata fechable en el siglo IV d. C. y procedente de la villa de “Las Tiendas”.

Algunas piezas realizadas en piedras semipreciosas o ámbar, como la que muestra a dos niños peleándose o la concha con cabeza de águila y tritón en su interior, nos hablan de lejanas rutas comerciales en el abastecimiento de Augusta Emerita.